//Por Arlen Solodkin//

Cuando pienso en el poder de la mujer, no pienso en la dualidad entre hombres y mujeres, sino en el poder inherente que tenemos las mujeres como matriarcas de nuestro mundo.  La figura de la madre que, al abrazar a su propio hijo, abraza a la humanidad entera.

Josette Sheeran en la Asamblea de las Naciones Unidas hace varios años, dijo:

“Queridas amigas, en este preciso momento, en cada ciudad del mundo, desde Nigeria hasta Nepal, una niña está naciendo.  Estas niñas se convertían en las mujeres de la nueva era.  Pronto estarán buscándonos para recibir un consejo con el fin de definir sus sueños y esperanzas en este nuevo mundo.  Debemos tener la capacidad de dar respuesta a sus preguntas.  Es por ello por lo que lo que estamos haciendo aquí el día de hoy es de vital importancia.  Es por ello por lo que tenemos que tomarnos con mucha seriedad el ejemplo que damos y el legado que dejamos”.

Hace varios años comencé un programa importante de filantropía, y al hablar del mismo en una universidad, un alumno me pregunto qué de donde nació mi inspiración.  Nunca me imaginé la respuesta que yo misma le daría.  La inspiración nació de mi propia desesperación al ver que el mundo en el que yo creía estaba muy lejos de ser una realidad.  Llegó un momento en el que no aguantaba la idea de ver a mis hijos a la cara con sus ojitos llenos de esperanza y escuchar mi diálogo interior lleno de desamparo y falta de fe.  Entendí que, si yo quiero crear un mundo mejor, tengo que empezar por hacerlo mejor yo misma.  No puedo quejarme y sentarme a esperar o distraerme y llenar mis días para no sentir mi propio vacío. No puedo decirles a mis hijos que mañana va a ser mejor si yo no hago nada porque eso suceda, y menos puedo decirles que ellos son el futuro del mundo y que de ellos depende el mañana del planeta.  Sería cínico e irresponsable.

Lo mismo sucede con el papel de la mujer en la historia, muchas veces a partir del sufrimiento surge la fuerza para crear algo nuevo.

Es verdad que es increíble que tengamos la necesidad de celebrar el día internacional de la mujer siendo un poco más del 50% de la población mundial y responsables del nacimiento del 100% de la población mundial. Como dijo Priyanka Chopra, actriz y cantante hindú que ganó Miss mundo en 2000 y quien ha fungido como embajadora de UNICEF:

“La mano que mece a la cuna, la progenitora, la madre del mañana, una mujer, moldea el destino de la civilización. Así de trágica e irónica es la fe que, una creación hermosa, una niña, es hoy una de las mayores preocupaciones que enfrenta la humanidad”.

Pero por más inconcebible que sea, es la historia que escribimos, son las enseñanzas aprendidas, es la valentía, la autenticidad y nuestro trabajo en equipo, lo que marcará una verdadera diferencia y lo que hará presión para que cambien las condiciones actuales para la mujer. Como dice Isaac Prilleltensky: no hay bienestar sin justicia, y la justicia debe iniciar con la forma en la que nos tratamos a nosotras mismas y con establecer las condiciones externas que promueven oportunidades de igualdad y dignidad para todos. Si no existen esas condiciones internas y externas, es momento de comenzar a crearlas y a exigirlas.

Podemos profundizar en el por qué las mujeres sufren de un mayor índice de depresión y ansiedad a nivel mundial, cómo su “biología” contribuye a altas y bajas emocionales, cómo la mujer sufre de mayores índices de violencia, menores sueldos, cómo tiene en sus manos una mayor responsabilidad, en términos generales que el hombre, en labores de hogar y familia, pero  creo que ya conocemos muchos de esos datos y lo que les propongo es centrarnos en los elementos que nos pueden dar la fuerza para descubrir conscientemente quiénes somos, qué nos da vida, qué nos llena de esperanza y nos motiva a levantarnos cada día, y como dice Gandi, a ser el cambio que queremos ver en el mundo.

Aprendamos de las mujeres que han salido adelante y no se han dejado doblegar como, Sheryl Sandberg, Rosa Parks, Malala, Rigoberta Menchu o Jane Goodal, aquellas que han sabido cómo tender una mano a otras mujeres para aliviar su andar y para impulsarlas a construir sus sueños como Oprah y Manal Al-Sharif. Aprendamos de las organizaciones como Gramin Bank que reconoce el alto nivel de responsabilidad y compromiso de las mujeres, y de los países que han logrado cultivar contextos y condiciones de mayor igualdad y justicia como Dinamarca, Suecia, Holanda, Nueva Zelanda y Canadá .

Y también, hagámoslo a través de honrar nuestra propia presencia como mujeres, cuidando nuestras palabras, escuchando nuestros anhelos, reconociendo quiénes somos, dándonos espacio para escuchar nuestra verdad, atreviéndonos a ser diferentes, a alzar la voz, a cometer errores, a escuchar a nuestra alma, y a dejar que el brillo de nuestros ojos ilumine nuestro camino. Hagámoslo haciendo un voto para ayudarnos entre nosotras, como hermanas y madres de la humanidad.

El día de hoy en cada rincón de nuestro país nace una niña y también un niño, ambos nos buscarán con su mirada para entender cuál es su rol, cuál puede ser su sueño y cuál su esperanza.  Construyamos sueños nobles y esperanzas valiosas que exalten los valores universales de la humanidad. Seamos nosotras mismas el ejemplo verdadero de lo que queremos crear conscientemente. 

 

 

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