Juega como niño y sé un adulto feliz

Juega como niño y sé un adulto feliz

¡A jugar! Recupera la vitalidad, creatividad y felicidad que el juego trae a tu vida. ¡Aunque ya te sientas grandecito!

De todos es sabido la gran importancia que tiene el juego para el desarrollo del niño. Existen innumerables estudios e investigaciones que demuestran que el juego, además de ser por sí mismo agradable, fomenta el aprendizaje social y emocional, promueve el desarrollo motor fino y grueso, facilita el desarrollo cognitivo y apoya el desarrollo del lenguaje; además de fomentar vínculos con miembros de la familia y con otras personas.

Lo que quizá no resulta tan obvio, es cómo el juego tiene un rol crítico también en la adultez.

Muchas personas consideran que “el juego es al niño lo que el trabajo es al adulto”; insinuando que las necesidades que el juego satisface en los menores, son las mismas que el trabajo satisface en los más maduros. Aunque dicha frase aparenta tener lógica de acuerdo al sentido común, en realidad no es del todo cierta, ya que el juego sigue cumpliendo en el adulto necesidades que el trabajo difícilmente puede cubrir, independientemente de lo satisfactorio que éste pueda ser.

Hace algunas semanas, una persona en sus veintes me decía: “Creo que necesito ayuda para crecer y convertirme en adulto… tengo que dejar atrás mi pensamiento fantástico… las ilusiones de tocar música y mi gusto por jugar… necesito tomarme las cosas en serio y poner los pies en la tierra… dejar de disfrutar tanto y dedicarme por completo a hacer dinero”. Mi respuesta fue: “me confunde un poco si tú lo que quieres es ser un adulto, o ser un amargado”.

 A pesar de la creencia popular, el antónimo de juego no es trabajo, sino depresión.

Creo que esto ejemplifica adecuadamente la prevalente noción de que adultez equivale a seriedad constante, a abandonar nuestra capacidad lúdica y a considerar que el juego es una actividad infantil e inmadura. Y esto me parece una lástima, porque no sólo nos aleja de actividades que son disfrutables en sí mismas, sino que además nos priva de satisfacer necesidades para las que el juego es una excelente herramienta.

 Curiosamente, en apariencia la asociación cultural que tenemos entre la adultez y la seriedad es bastante reciente en nuestra sociedad. Muchos cuadros renacentistas se centran en imágenes de niños y adultos jugando; como muestra destacada, este cuadro de 1560 titulado Children´s Games de Pieter Bruegel, donde se muestran 80 diferentes tipos de juegos, llevados a cabo por personas de todas las edades.


 En su libro El juego: cómo moldea el cerebro, abre la imaginación y vigoriza el alma (2009), el Dr. Stuart Brown muestra a través de sólida evidencia científica que el juego no es solamente importante en la infancia, sino que tiene un rol crítico en todas las etapas de la vida. Entre sus investigaciones encuentra dos resultados de suma importancia:

 1) La mayoría de los premios Nobel, empresarios exitosos, artistas e intérpretes virtuosos tienen una alta correlación entre las horas que pasan realizando su trabajo y las horas que se entregan con entusiasmo a las actividades lúdicas (más trabajo y más juego).

2) La mayoría de los asesinos seriales que investigó (en Texas, Estados Unidos), habían tenido durante toda su vida una severa deprivacion del juego; o sea que habían tenido pocas oportunidades y estimulación para involucrarse en juegos, particularmente en aquellos en los que se requiere dar y recibir.

 Otras investigaciones que el Dr. Brown presenta en su libro demuestran que aquellos adultos que llevan una vida ajena al juego, tienen mayor propensión a sufrir enfermedades relacionadas con el estrés, adicciones, depresión y violencia interpersonal.

 El juego tiene la característica distintiva de ser divertido, por lo que uno de sus más inmediatos efectos es la risa; y los efectos de la risa en el ser humano han sido ampliamente estudiados, entre los cuales destaca el que cuando ríes, tu organismo libera beta endorfinas: hormonas que ayudan a tu cuerpo a mitigar el dolor físico y limitar la distribución del impulso nervioso que lo provoca. En otros beneficios activa cerca de 400 músculos, mejora la digestión, fortalece el músculo cardíaco, dilata los vasos sanguíneos y tiene un efecto tranquilizador al liberarte del estrés. ¿Convencido?

¿Con quién jugar?
En las dinámicas de mejoramiento de relación de pareja que organizo, presento una serie de investigaciones cuyos resultados hablan de que la única diferencia aparente y obvia entre las parejas felices y las infelices, es que las parejas exitosas tienen una proporción de 5 interacciones positivas por 1 negativa; mientras que las infelices, tienen una proporción de 0.8 interacciones positivas por 1 negativa.  A continuación, les hablo de cómo la monotonía tiende a deteriorar la relación de pareja, concluyendo en que el juego tiene la capacidad de matar estos dos pájaros de un tiro.

 En la adultez, la pareja (si es que se tiene) resulta el más cercano y el más obvio, pero también frecuentemente ignorado, de los compañeros de juego. También suelen estar presentes los amigos, los miembros de la familia, y en gran medida los propios hijos (cuando los hay).

¿A qué jugar?

Una característica maravillosa del juego, es que en realidad no tiene límites, más que el de la creatividad de la persona. Los adultos tienden hoy en día a practicar con frecuencia los juegos de cartas, las apuestas, los deportes y el juego competitivo, así como a veces los juegos de mesa. Sin embargo, éste puede ser mucho más sutil y/o sencillo; desde el coqueteo hasta los juegos de ¿dónde está el bebé? (cubriendo y descubriendo la cara), que tienen beneficios no sólo para el infante, sino también para el adulto.

 Los juegos son ilimitados, y sus únicas características distintivas radican en que no tengan otro objetivo que el divertirse y el pasar un rato ameno. Es por eso que el trabajo difícilmente cumple esta función, dado que éste usualmente es una serie de pasos constantes y continuos para llegar a una o varias metas.

 Así que… ¡a jugar! Porque eso no te hace una persona más inmadura ni más infantil… sino una persona más sociable, productiva, saludable, feliz y dispuesta a apreciar la vida con todo aquello que ofrece.

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