El destructivo mito de la media naranja

El destructivo mito de la media naranja

Por: Eitan Kleinberg

Empecemos por explicar el significado cultural del mito de la media naranja. Éste habla sobre la existencia de “alguien” ahí afuera, que está hecho para nosotros, con el cual seremos compatibles en todo sentido y que, de llegar a encontrarlo, inmediatamente formaremos con él o ella, “la pareja perfecta”.

Por romántico que suene, este tipo de mensaje social no sólo no tiene lógica, sino que además resulta ser altamente destructivo para la realidad de las parejas; como se explicará a continuación.

Lo que sucede es que las personas que se compran este mito, crean expectativas de una relación que no puede materializarse; esto se debe a que manejan una idea fantástica de que el otro es capaz de llenar todas sus expectativas físicas, afectivas, emocionales, relacionales, familiares, etc. Un detalle curioso es que el periodo del enamoramiento, que usualmente viene acompañado de una fantasía idealizante de la otra persona y de la relación, aparentemente materializa el mito de la media naranja; quizá sea así como se haya formado el mito en un principio. Esto es interesante, porque la persona durante este periodo está bioquímicamente  segregando un exceso de dopamina en el hipotálamo, lo cual la hace creer que encontró a su pareja perfecta; el problema es que cuando se cae el telón del enamoramiento y la fantasía da pie a un juicio más acertado de la realidad, empieza a ver que la otra persona tiene fallas y no es perfecta, entonces, la expectativa de la media naranja se ve traicionada.

Por supuesto, la persona le echará entonces la culpa al otro por haberla engañado, por hacerle creer en algo que no era cierto;  y de la frustración de ver el deseo insatisfecho de que la otra persona me complemente, nace el enojo, la tristeza, la sensación de fracaso y la apatía.

En resumen, el  tragarse el mito de la media naranja fomenta la poca habilidad y ganas de trabajar para construir una relación entre dos personas diferentes y más bien optar por el proceso de estar buscando, que por el proceso de estar construyendo. Otro de los problemas que se presentan es, que al estar plenamente convencido de haber encontrado a la media naranja y decidir entonces que es momento de dejar de buscar, a veces resulta que “tu media naranja” es la que decide terminar la relación. Entonces, el temor y el pánico de ver perdido a tu objeto de amor destinado se apoderan, pensando que con él se está yendo la única oportunidad del verdadero amor. Como consecuencia, sólo hay dos opciones, la primera es autosacrificarte, olvidar el amor y el respeto por ti mismo, arrodillarte y suplicar a la persona que no se vaya, porque con él o ella se va tu oportunidad de ser feliz; o la segunda: caer en depresión, mientras tratas de aceptar la cruel realidad de que tu destino es el quedarte solo o aceptar a una futura pareja mediocre.

¿Cuál es la alternativa? Primero, dejar de entendernos como una media naranja y empezar a hacerlo como una naranja completa, en otras palabras dejar de pensar que soy medio ser humano, que requiere de otra persona para SER; convencerme de que soy una fruta completa con la opción y el derecho de relacionarme con otras frutas completas y hacer juntas un rico coctel; aceptando que el otro, es también un ser completo con fortalezas y debilidades, virtudes y defectos, que no tiene la facultad de complementarme en todo sentido, ni de satisfacer todas mis necesidades; y pese a todo lo anterior, podemos construir juntos una relación de mutuo respeto, cariño y amor que puede elevarnos a los dos, a niveles más altos de satisfacción; parafraseando a Mario Benedetti: En la calle codo a codo seamos muchos más que dos.

Conclusión: ámate lo suficiente como para aceptar que eres una naranja completa, con la posibilidad de construir múltiples relaciones en tu vida, con diferentes grados de satisfacción y con el derecho a la felicidad, sola o con otras frutas.

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