Convirtiéndome en verdad

Convirtiéndome en verdad

por Maria Sirois

Cada criatura habla y deletrea una cosa de la misma forma, “Yo” habla y deletrea, “Lo que hago soy yo, para eso vine”
—Gerard Manley Hopkins

Sólo tenemos una oportunidad en esta existencia y forma, para vivir la única vida que podemos crear.  No existe ninguna otra persona que pueda sacar aquello que es rico y verdadero de nuestro interior. Podemos elegir estar en esta vida como si fuera nuestra para moldearla, como producto de nuestro propio trabajo, el trabajo de nuestro propio arte, y así avivar plenamente nuestro ser; o podemos convertirnos en el pantomimo, producto de las decisiones de alguien más, escondiéndonos de las riquezas específicas y particulares que sólo nosotros podemos traer a este mundo.

Esta elección es profundamente potente en un tiempo de recuperación, de la misma forma en que lo es en tiempos de estabilidad.  Una de las realidades de volver al mundo coloquial después de una gran pérdida, es que no existe ningún camino: por eso somos libres para construir nuestro regreso de tal forma que nos sirva.  Uno de los más grandes malentendidos que puede hacer nuestro proceso más difícil, es la creencia de que otros son mejores en esto, o de que hay una fórmula especifica que debemos seguir, o que al convertirnos en el blanco de las flechas que nos tira la vida, nos convertimos en algo malo en esencia y por lo tanto las elecciones que tomamos están mal y la forma en que manejamos el dolor, el enojo o la culpa, están también inherentemente mal.  Como dice mi amigo Alex, no existe nada que no podamos empeorar con nuestras autocriticas y juicios.

Lo que es verdad, lo que es nuestro, en la construcción de una vida al atravesar la tristeza, solo eso: lo que es verdad para nosotros.  Debemos hacer el mayor esfuerzo para discernir aquello que es auténtico mientras caminamos hacia nuestra nueva normalidad.  No hay nada más saludable.

En lo más profundo, ser auténtico significa ser nuestro propio autor, moldear cada día como si fuésemos autores de ese día y como si la única historia que deba ser escrita fuera la nuestra.  Algunos años después del asesinato de su hija mayor, una amiga mía fundó un Club de Felicidad en su pueblo natal.  En otro pueblo, como 150 millas al norte, una amiga, que perdió a su hijo en un accidente automovilístico en su cumpleaños, cuando cumplía 17 años, dedicó su vida a juntar dinero para combatir el manejo bajo la influencia del alcohol, convirtiéndose en maestra de yoga.  Un porcentaje de cada clase la destina a la recaudación anual a favor de esta causa.  Una tercera amiga, dona una cantidad de dinero anualmente a un jardín en nombre de su hijo más pequeño.  Lo que es verdad para uno no tiene que ser verdad para el otro, y el regalo está en el descubrimiento de quienes somos en verdad, de nuestra naturaleza única para poder regresar a la vida.

Esta es la primera capa de sabiduría.

Una segunda capa: Mientras más profundamente nos permitamos ser, de forma orgánica, lo que somos y nos permitamos moldear por nuestras experiencias de vida, convirtiéndonos en la clase de persona que conoce una forma de elevación y también una forma de sufrimiento, tendremos mayor oportunidad de convertirnos en la persona que queremos y debemos ser, dados los caprichos que la vida nos ofrece.  El poeta Rilke, en una carta a su esposa Clara, describe su aprendizaje después de haber sido el aprendiz del escultor Rodin por un periodo largo de tiempo.

“Después de todo, las obras de arte son siempre el resultado de haber estado en peligro, de haber pasado por la experiencia hasta el final, hasta donde no se puede llegar más lejos.  Mientras más lejos vas, más privada, más personal, más singular se convierte la experiencia y lo que uno hace; finalmente, lo necesario, irreprimible, y lo más irrefrenable posible se convierte en una definitiva declaración de singularidad”.

Al considerar nuestra vida como una obra de arte, una que es particular, nos abrimos a esta posibilidad: al caminar hacia una vida normal, estamos siendo modificados por las dos fuerzas que han marcado su peso en nosotros, así como por nuestra singular apreciación de esas fuerzas.  Si nos permitimos liberarnos de las expectativas de lo que los demás piensan que debemos ser, o de lo que debemos hacer, nos acercamos hacia una expresión más natural de lo que podemos ser.  Mientras esto sucede, encontramos la intersección que Hopkins nos mostró, aquel lugar donde lo que somos y lo que hacemos es inseparable de quienes somos.  Aquí es donde la autenticidad se manifiesta.  Aquí es donde nos damos cuenta de que la vida no es algo que debamos temer o controlar, sino un elemento integral de nuestra escultura propia, así como lo es el mármol para una escultura o el lienzo para una acuarela.

Aquí, en esta intersección, el contenido de nuestra vida y la esencia de nuestro ser se mezclan y nos convierten en verdad.

Este pasaje se extrae del libro A Short Course in Happiness After Loss: (and Other Dark, Difficult Times).

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Dr. Maria Sirois, PsyD, es la Vice Presidenta Curricular del Wholebeing Institute, conferencista inspiracional, autora de varios libros quien ha trabajado por más de 20 años en las áreas de Bienestar, psicología y espiritualidad. Maria ha sido invitada a conferencias en el ámbito de la salud por todo el país dictando conferencias para Centros de salud, hospitales, hospicios, organizaciones filantrópicas, instituciones corporativas y académicas, así como para el público en general.  Ha sido denominada como “una verdadera maestra” y “una oradora de gran poder y belleza”.  Su libro, “Every Day Counts: Lessons in Love, Faith, and Resilience from Children Facing Illness, se publicó en 2006.”

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