¡Atrévete a ser un héroe!

¡Atrévete a ser un héroe!

Las  personas que cambian su entorno no dudan en desafiar el status quo para actuar a favor de otros. México necesita desesperádamente héroes ¿Aceptas el reto?

Uno de los temas que más me apasiona tiene que ver con el poder personal y las creencias que nos ayudan o impiden ejercerlo.  ¿Cuál es la diferencia entre una persona que decide actuar a favor o en contra de una idea? ¿Cuál es la diferencia entre una persona que toma en sus manos la responsabilidad de luchar por los derechos de su comunidad o los derechos de alguien que vive una realidad diferente y menos afortunada? ¿Qué papel ejerce la autoridad en el cumplimiento o violación de los derechos humanos?

La realidad es que dentro de los seres humanos coexisten ambas, la fuerza del bien y la fuerza del mal.  A pesar de que a la mayoría de nosotros nos gustaría creer que somos personas decentes, buenas y humanas, estamos rodeados de ejemplos históricos que nos recuerdan una y otra vez la vulnerabilidad del ser humano a su máximo potencial. Condenamos a individuos por sus quehaceres horrendos sin darnos cuenta de que dichos personajes lograron su cometido debido al gran número de personas que siguieron sus pasos y sus órdenes.

 Quisiéramos pensar que solo el miedo es el factor determinante para la obediencia, haciendo de lado la responsabilidad personal inherente en la toma de decisiones de la gente común y corriente, pero en realidad el miedo aparece cuando muchas conciencias han depositado su poder en dichos demonios, en dichas personalidades aparentemente monstruosas que no son más que seres humanos comunes y corrientes.

Desgraciadamente, muchas de estas personas desarrollan discursos con promesas de salvación, mensajes que pueden confundirse de tal modo que, incluso al inicio de la construcción de su poderío, sus ideas son bienvenidas por diversos grupos. Un ejemplo es el caso deMussolini quien fue nominado para el premio nobel de la paz en 1935 por el profesorado de la Universidad de Giessen en Alemania.

 Pero, ¿Quién en su sano juicio se atreve a sobrepasar la raya entre la vida y la muerte?  La realidad es que un muy alto porcentaje de personas.  Según el Dr. Stanley Milgram, reconocido investigador de la universidad de Yale en 1963 después de haber obtenido resultados aterradores al hacer un experimento acerca de la relación entre la autoridad y la obediencia.  Sus experimentos comenzaron tres meses después de que Adolf Eichmann fuera juzgado en 1961 por crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi en Alemania. Milgram estaba interesado en saber qué pasaba con todas las personas que al parecer “perdieron su voluntad personal” al seguir las ordenes de alguien más.  ¿Es posible que personas como nosotros, buenas, moderadas, personas de familia cometan actos atroces y sigan órdenes sin cuestionamiento alguno?

 En el experimento de Milgram participaron 1,000 personas y durante el experimento se les pedía que tomaran el rol de maestros para realizar un estudio que probara cómo el castigo fomenta el aprendizaje.  El rol que tenían como maestros era el de proporcionarle un shock a su alumno cada vez que este cometía un error.  Los alumnos estaban en el cuarto adyacente al de los maestros y eran en realidad asistentes del experimentador. A los maestros se les mostraba cómo los alumnos eran atados a una silla y cómo el broche que ocasionaba shocks era sujeto firmemente a la muñeca de los “alumnos”.  Además, les ponían de frente una caja donde se controlaba el voltaje de los shocks que se administrarían con cada respuesta equivocada a una serie de preguntas. La caja empezaba con 15 volts, un nivel muy sutil de descarga eléctrica y acababa en 450 volts, un nivel que equivalía a la muerte.  Los números iban acompañados de letreros que decían, shock moderado, shock intenso, shock fuerte, shock peligroso y shock letal. Cada vez que el maestro administraba un shock más fuerte, una grabación con gritos se escuchaba provenir del cuarto de los “alumnos”.

Ustedes, al igual que yo podrán pensar que la mayoría de los que tomaron el rol de maestros iniciaron el experimento como un juego y que a medida que avanzaba y comenzaban a notar el estrés en los alumnos, decidieron parar el experimento. La predicción de Milgram es que sólo el 1% de los participantes iba a obedecer… Lo impresionante es que 2/3 partes de los 1,000 participantes llegaron a administrar el shock más alto de 450 volts a pesar de haber escuchado gritos supuestos y bastantes silencios absolutos que implicaban que “el alumno” estaba sumamente herido o incluso muerto.

  ¿Cómo sucedió esto? ¿Qué pasó? Los participantes provenían de todas las profesiones, muchos tenían familia, igual que tú o yo…

Al lado de los supuestos maestros estaba el experimentador, la figura de autoridad quien no decía nada más que “el experimento debe continuar” cada vez que el maestro titubeaba o tenía intensión de parar el experimento.“Debe continuar” ¿eso es todo?, ¡Sí!

Personas comunes y corrientes dispuestas a atravesar la línea entre la vida y la muerte por no tener las agallas de confrontar a la autoridad, de hacer valer su voz, de “quedar mal” ante las expectativas y compromisos adquiridos.  Sin nada más que perder…

La brutalidad humana se ha comprobado en otros experimentos polémicos como el de Philip Zimbardo en Stanford, donde los sujetos que participaron tomaron el rol de prisioneros o guardias asumiendo la brutalidad de su cargo o la victimización de su rol a grados inimaginables, en tan solo seis días.

Entonces, ¿Dónde radica nuestra responsabilidad personal?  ¿Qué pasó con la tercera parte que no cooperó con el experimento, que eligió desafiar a la autoridad, que decidió romper su compromiso ante el dolor de un tercero?

Se ha seguido investigando acera de las excepciones a la regla y Zimbardo destaca que los “héroes” al igual que los villanos, son personas comunes y corrientes que están dispuestas a desobedecer y a seguir su moral interior.  Al paso de los años se demostró que, cuando una persona sometida a un trabajo como el de los maestros del experimento de Milgram, está expuesta a otra  que desobedece y lo hace sentir cómplice de la injusticia del sistema, es suficiente para frenar la escalada de la agresión.Un valiente que dice no, una persona que deja de ser bystander (observador) y actúa a favor de la víctima, puede ser el héroe capaz de detonar un gran cambio en las masas. Philip Zimbardo, entre otros psicólogos, se han dedicado a estudiar la psicología del heroísmo, para entender qué necesitamos para ejercerlo.

 Todos somos héroes en espera. Los héroes son personas comunes y corrientes que deciden actuar mientras otros se quedan pasivos sin hacer nada o mientras siguen las reglas a pesar de que no comulgan con ellas.  Zimbardo sugiere que debemos pensar de antemano cómo vamos a actuar en el futuro cuando nos encontremos ante la oportunidad de hacer una diferencia importante por alguien más.  Debemos también estar decididos a hacerlo y centrar nuestra atención en la sociedad y no en nosotros mismos,debemos estar decididos a actuar sin titubear.

 ¿Por qué me interesa tanto esta pregunta? Porque vivimos en un México lleno de gente buena que se ha dejado coludir por el sistema de pocos, un sistema que cada vez se devora a más y más personas buenas porque cada día más personas buenas se dejan devorar… un sistema que al parecer convierte la bondad en estupidez y la asertividad en ambición.  Es verdad que no es fácil volcarse en contra del sistema, pero también es verdad que no es tan difícil estar en desacuerdo con él.

 Zimbardo dice: “Para cambiar a la persona hay que cambiar la situación. Para cambiar a la situación hay que cambiar al sistema”

Y yo agrego: “Para cambiar al sistema hay que cambiar a la persona y cada uno de nosotros es responsable de cambiarse a sí mismo.”

Cada vez hay más empresas que se comprometen a hacer negocios en México siempre y cuando se respete su código de ética. Cada vez hay más empresas que deciden asumir “una pérdida económica” con el fin de aumentar el salario mínimo establecido en el país. Cada vez hay más iniciativas de arquitectos que deciden sacrificar un ingreso al dejar de construir más viviendas con el fin de construir un espacio verde digno dentro de las comunidades que construyen.  Cada vez hay más empleados que deciden no participar en actos de corrupción dentro de su misma empresa, maestros que toman el examen y deciden prepararse mejor.

 Si bien, aunque estas personas permanecen en el anonimato y no tienen ni capa ni espada, son héroes entre nosotros.  Cuando pienso en mis hijos y me encuentro inmersa en el desamparo ante el mundo que veo frente a mí, decido salir de mi postura de víctima y decido actuar para enseñarle a mis hijos que aún hay esperanza.  Y de ello estoy segura, porque no deposito la esperanza en los otros, deposito la esperanza en mí y en todo aquello que yo puedo realizar con mi propia visión, con mis propias manos y con toda la gente que decide cambiar de silla y abrazar su poder personal.

Tú y yo somos héroes también.  Yo estoy decidida, después de todo, quizá solo tengamos una sola oportunidad de ejercer nuestro heroísmo. ¿Tú cómo vas a actuar?

 Frases de Philip Zimbardo:

“Para cambiar a la persona hay que cambiar la situación; para cambiar a la situación hay que cambiar al sistema”

“Todo mal comienza con 15 volts”

“No te metas, no es tu problema…. La humanidad es mi problema”

“Soy un héroe en espera”

“Los héroes son personas ordinarias que actúan mientras otros están pasivos”

“Para ser un héroe hay que estar centrado en la sociedad y no centrado en la persona”

“Para ser un héroe tienes que estar dispuesto a desobedecer y dejar a un lado el qué dirán”

“Debemos celebrar los héroes ordinarios y poner la imaginación heroica en la práctica”

“Quizá solo tengamos una sola oportunidad de ejercer nuestro heroísmo. Tú ¿cómo vas a actuar?”

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